La importancia del agua en la avicultura

En las últimas semanas hemos hablado bastante sobre la alimentación de las gallinas, incluso dedicamos un artículo completo a explicar qué comen y cómo influye en la calidad del huevo. Después de tratar el pienso, tenía sentido pasar al otro elemento que condiciona el día a día de cualquier granja. El agua suele quedar en segundo plano, aunque marca más diferencias de las que parece en la salud y la producción.

Muchas veces se da por hecho que el agua está bien únicamente porque se ve limpia. La realidad es que su calidad depende de varios factores que conviene revisar con cierta frecuencia.

Calidad del agua

El agua que se utiliza en una granja puede venir de pozo, red municipal o depósitos. Cada origen tiene sus particularidades y todas pueden influir en el lote.

Cuando hablamos de calidad solemos fijarnos en pH, dureza, sólidos en suspensión y carga bacteriana

El pH muestra si el agua tiende a ser ácida o alcalina. En avicultura, las guías de manejo recomiendan que se sitúe entre 6,5 y 8,5, un rango en el que las gallinas beben con normalidad y asimilan bien el alimento. La dureza indica la cantidad de minerales como calcio y magnesio. Aguas por encima de 180 mg/L de CaCO₃ se consideran duras y suelen provocar incrustaciones en tuberías y bebederos. Esto reduce el caudal, dificulta el consumo y aumenta la frecuencia de limpiezas.

Los sólidos en suspensión son partículas que pueden atascar sistemas de bebida. Y la carga bacteriana se refiere a microorganismos presentes en el agua. Para hacerse una idea, los manuales de bioseguridad recomiendan que el agua destinada a gallinas se mantenga por debajo de 100 UFC/mL de bacterias totales. Si se supera, aumentan los casos de diarrea y empeora la uniformidad del lote.

Cuando alguno de estos valores se desajusta, las gallinas suelen beber menos. Si beben menos, comen menos, y la producción lo nota rápidamente.

Sistemas de filtrado

Muchas explotaciones camperas utilizan filtros de sedimentos que ya suponen una mejora importante. Los de carbón activado ayudan a reducir sabores u olores extraños que pueden hacer que las gallinas rechacen el agua. En ciertos casos se utiliza un desinfectante suave para mantener las tuberías limpias.

El mantenimiento ayuda a que el sistema funcione con normalidad. Revisar juntas, cambiar cartuchos y purgar las líneas reduce los atascos que aparecen con el calor y evita problemas en el suministro.

Bebederos exteriores

En las granjas camperas el exterior es parte del día a día del lote. Esto mejora el comportamiento de las aves, aunque complica el manejo del agua. Los bebederos situados fuera se ensucian con más facilidad por el polvo, la lluvia o el contacto con fauna silvestre. Cuando la materia orgánica llega al agua, aparecen bacterias y algas en muy poco tiempo, especialmente con temperaturas altas.

Los bebederos exteriores necesitan más revisiones que los interiores. Conviene limpiarlos con frecuencia, vaciarlos cuando cambien de color y ubicarlos en sombra para evitar que el agua se caliente demasiado. El agua caliente reduce el consumo de forma clara y aumenta el riesgo de golpes de calor.

Por eso conviene recordar que las gallinas consumen mucha agua y su ingesta aumenta en cuanto sube la temperatura. Cualquier pequeño cambio en el suministro se refleja en la puesta y en el comportamiento, y en el estado general del lote.

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